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El tratamiento hormonal (TH) del cáncer de próstata (CP) conlleva el aumento del riesgo de  una serie de problemas secundarios: obesidad, diabetes, depresión, impotencia, cardiopatía e hipertensión sanguínea.

Por otra parte, estudios recientes han relacionado los niveles bajos de testosterona con alteraciones cognitivas (del pensamiento) y de la memoria. Precisamente los pacientes con Alzheimer tienden a tener niveles de testosterona más bajos cuando se les compara con personas sin Alzheimer.

Dado que el TH conlleva una drástica disminución de la producción de testosterona, Nead K.T. Nead y colaboradores de la University of Pennsylvania (UPenn)  revisaron datos de 18.000 pacientes con CP, de los que 2397 habían recibido TH. Compararon a estos con pacientes que no habían recibido TH pero que eran similares en una serie de factores considerados.

Entonces observaron que los pacientes que habían recibido TH eran significativamente más proclives a desarrollar Alzheimer en los años siguientes al inicio del TH. En concreto, los pacientes tratados con TH tenían un 88% más de probabilidades de desarrollar dicha enfermedad. También detectaron una relación dosis de TH y Alzheimer, ya que cuanto más duraba el TH mayor era la probabilidad de desarrollar Alzheimer.

Si bien los investigadores no conocen exactamente la causa de esta relación, sí que es conocido el hecho de que la testosterona protege las células cerebrales, por lo que la disminución de esta podría facilitar la degeneración cerebral. Otros estudios sugieren que ante un nivel bajo de testosterona se dispara la producción de beta amiloide, proteína que se desarrolla en el cerebro de las personas con  la enfermedad de Alzheimer.

Mientras se estudia más profundamente esta relación patológica, conviene recordar que el TH en cáncer de próstata, si bien es de una gran eficacia contra el tumor, conlleva el riesgo de efectos secundarios importantes citados al principio, a los que hay que añadir, probablemente, el de asociarse a enfermedad de Alzheimer.

Si bien el TH continuado se acompaña de un aumento de supervivencia de pacientes con CP, debe valorarse este beneficio, comparado con el TH discontinuo (según niveles de PSA) que, con seguridad, proporciona menores cantidades de hormonas a los pacientes, al interrumpirse periódicamente.

Es una cuestión delicada que futuras investigaciones nos aclararán y que son especialmente importantes en una época donde, felizmente, la esperanza de vida de la población ha aumentado tanto. Pero conviene no olvidar que cantidad de vida y calidad de la misma son aspectos indisolubles.

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