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UN DÍA MUNDIAL CONTRA EL CÁNCER DE PRÓSTATA

Como ya hemos señalado otras veces, somos más partidarios de la celebración cada día del cáncer de próstata,
celebrado cada día mediante la aplicación de los mejores medios diagnósticos, terapéuticos y de
soporte a nuestros honorables pacientes y a sus familiares no menos honorables. Más aún en una enfermedad en la que compiten varios días mundiales.
Y somos conscientes de que nos dejamos algo de importancia vital: estudiar y conocer la causa de
este cáncer, muy poco afortunado al respecto. Así como el tabaco ha sido reconocido como una
causa concreta de cáncer de pulmón, lo que permite su prevención objetiva, no es el caso del de
próstata de cuya causa o causas tan poco sabemos.
Se oye con frecuencia que lo mejor ante el cáncer es la prevención pero, para realizarlo, hace falta
conocer los objetivos que sean realmente causales y que se puedan bloquear. Un paso adelante a la
esperanza es el complejo mundo de la genética, que está posibilitando la entrada al interior de las
células y conocer los mecanismos que llevan a la cancerización y a la obtención de fármacos
dirigidos contra objetivos precisos.
Otro aspecto pendiente (solucionados en gran parte en aquellos pacientes candidatos al no
tratamiento, a la vigilancia activa), son los duros efectos secundarios de algunas terapias que, si
bien muy efectivas en términos de curación, son muy deprimentes en términos de calidad de vida.
Por otra parte, en el estadio IV del cáncer de próstata, sucede algo parecido y que esperamos de
frutos semejantes en el cáncer de mama en dicho estadio, cual es la proliferación de nuevos tratamientos, que aumentan la supervivencia de los pacientes no curables aún y mejoran su calidad de vida.
El cáncer de próstata es muy contradictorio. Junto a supervivencias muy prolongadas compatibles
con la curación, se sufren con frecuencia alteraciones serias de la calidad de vida.
Extendamos los grupos de soporte, preparemos a psico-oncólogos/as para unas tareas exigentes
pero muy agradecidas y exhortemos a la vigilancia activa cuando esté indicada (cánceres de pequeño tamaño, Gleason 6 y algunos 7, no síntomas urinarios, PSA de entrada inferior a 10 ng/ml, etc).

Para acabar recordar que el término “tratamiento diferido” asociado a la vigilancia activa es inadecuado porque crea en los pacientes la falsa idea de que la vigilancia activa solo pospone el tratamiento, pero que este será inevitable. En absoluto, el objetivo fundamental de dicha vigilancia activa es el de evitar tratamientos que pueden causar serios problemas secundarios. Y solo se tratan aquellos pacientes que, en el curso de su vigilancia, o bien optan por tratarse o deben hacerlo por progresión de la enfermedad. Pero si el paciente no desea tratarse y no hay motivos médicos de progresión de la enfermedad, el paciente no se trata. 

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