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La negación en el proceso oncológico

La negación es un estado psicológico habitual. Negamos cada día cuando comemos a pesar de saber que hay hambre en el mundo, cuando teniendo problemas o situaciones negativas en nuestra vida salimos a la calle y hacemos una vida normal. El Psicoanálisis habla de negación como un mecanismo de defensa consistente en “no valorar o anular pensamientos, sentimientos o fantasías que pueden generar sufrimiento mental”.  Las corrientes teóricas más cognitivo-conductuales la definen como una “estrategia de afrontamiento consistente en omisión de hechos que podrían ser dolorosos si se aceptaran en la conciencia “, así que más o menos estamos hablando de lo mismo. Parece que el ser humano necesita negar para subsistir, para sobrevivir, por lo menos psicológicamente, a los hechos estresantes (1,2).

En la enfermedad la negación es frecuente, a veces como una primera reacción al diagnóstico. Elizabeth Kübler-Ross, pionera en definir el curso psicológico paralelo al curso físico del enfermo terminal. Pero encontramos la negación en muchas fases de la enfermedad, incluso previas donde puede llevar a descuidar señales o avisos corporales no activando conductas como visitas al médico por miedo. Algunas personas apartan mentalmente la atención a los dolores, molestias o cambios en funciones vitales o dándose alternativas como “no pasa nada”, “ya me pasará” o basándose en experiencias previas (“ya tuve dolor el año pasado y no era nada “o” mi hermana tuvo eso mismo y al final no fue más que un virus “….). En enfermedades como el cáncer se da esta paradoja, a pesar de que el tiempo que pasa en esta situación resta posibilidades de tratamiento por el crecimiento incontrolado del tumor, y por tanto de curación (3).

Ya en el diagnóstico no es infrecuente encontrar enfermos que quedan bloqueados por la información y pasan a una negación basada en la incredulidad (“no puede ser”, “no me está pasando a mí” o “se habrán equivocado, yo me encuentro bien “). Este último ejemplo puede ser porque a veces la enfermedad se detecta en estadios muy precoces gracias a los avances actuales, pero entonces la persona no ha tenido pistas de enfermedad y se mantiene en la estrategia negadora, no tiene evidencia de que sea la que le han comunicado y a menudo cuesta más que el paciente lo interiorice (3,4).

TIPOS DE NEGACIÓN

La negación puede tomar diversas formas (5,6):

TOTAL: Es poco habitual hoy en día, ya que hay mucha información mediática sobre la enfermedad oncológica. No obstante, encontramos pacientes que no inician conversaciones sobre lo que les pasa ni preguntan ni expresan ninguna curiosidad por aspectos relacionados. Esta reacción extrema podría suponer un problema si conduce a rechazar tratamiento. Antes era más típico: pacientes que recibían información respecto por ejemplo, cáncer de mama como bulto benigno o de grasa, o de colon que asumían que tenían úlcera de estómago. Si estas alternativas usadas con la intención de suavizar el problema, llevaban al rechazo de someterse a una intervención quirúrgica, era necesario cambiar la información por una más veraz para asegurar un cumplimiento del tratamiento.

PARCIAL: Es bastante más frecuente. Se da en pacientes que admiten el diagnóstico pero no su totalidad. Pueden asumir un diagnóstico inicial pero niegan la posibilidad de no curarse, o aceptar un primer cáncer pero no su reaparición. Lo que están negando es la gravedad cuando existe. El quid de la cuestión es, pues, el pronóstico.

NEGACIÓN INTELECTUALIZADA: Es un modelo creciente. La tendencia actual es dar mucha información, incluyendo tecnicismos de significado confuso que hacen sentirse tranquilo al profesional que lo ha emitido, pero que no queda claro que tengan un eco emocional coherente con su significado en el receptor. Encontramos, por ejemplo, mujeres con cáncer de mama que responden de forma automática y aprendida expresiones como “carcinoma ductal infiltrante” cuando se les pregunta si tienen información. La forma de responder con una expresión aprendida de memoria nos muestra que no han interiorizado el significado de aquellas palabras. La información debería darse de forma gradual, adaptada a las capacidades de cada paciente, no sólo refiriéndonos a aspectos intelectuales, sino también al perfil psicológico. El procesamiento de la información ante situaciones demasiado ansiógenas se ralentiza y es probable que un exceso y más si se formula demasiado técnicamente no pueda ser realmente absorbida e integrada por la persona que necesita asumirla a su ritmo.

NEGACIÓN DE SUFRIMIENTO EMOCIONAL:Hasta ahora nos hemos estado refiriendo a la información de carácter médico, pero hay una forma de negación más compleja: la negación de sufrimiento psicológico ante el cáncer. Hoy en día nos vemos sometidos a lo que los psicólogos llamamos la Tiranía del pensamiento positivo. Es recomendable el libro de Bárbara Einreinreich titulado “Sonríe o muere”, diario personal de la periodista que al padecer cáncer de mama se dio cuenta que no había espacio para las emociones negativas, por otra parte lógicas en un diagnóstico que de alguna manera significa una amenaza para la integridad física y psicológica y, en extremo, de muerte (7,8). Uno de los objetivos de recuperación psicológica del paciente oncológico es ayudarle a encontrar su estrategia para hacer frente a la enfermedad y sus consecuencias, intentar que no quede sumergido en la negatividad y en la parada de su vida que todo ha significado. Pero eso no quiere decir que no vaya a haber un proceso adaptativo que significa aceptar e incluir las emociones negativas que conlleva. Algunos pacientes niegan el miedo, la ansiedad y la incertidumbre. Verbalizan en voz alta que no lo pasan mal o que lo han tomado bien. Es cierto que hay pacientes sin niveles de ansiedad o depresión valorables pero ahora nos referimos a personas que tienen una pose aprendida y artificial rellena de expresiones positivas, que a menudo no se corresponde a la realidad emocional que están viviendo. Aunque no es una actitud de riesgo para la vida, si que lo es por las consecuencias posteriores de la supresión forzada del sufrimiento psicológico. Hay una especie de “boomerang” por no dejar fluir las emociones negativas, la Psicología demuestra hace tiempo que aceptarlas rebaja el malestar que generan. La persona que niega malestar emocional o psicológico descuida la búsqueda de ayuda o apoyo especializado. A veces se siente presionada por el entorno que de forma más o menos explícita le pide esta positividad o en otras ocasiones por no preocupar a los demás el enfermo esconde llantos o miedos. Es necesario darse permiso para estar tristes, enojados o asustados (8).

EVITACIÓN POSITIVA: Cuando una persona responde con negación y eso no la lleva a rechazar los procedimientos médicos, puede sobrevivir psicológicamente a la enfermedad sin perjuicio, es la evitación positiva. Una vez finalizado el tratamiento, prefiere volver a la vida cotidiana sin que el cáncer sea algo presente o implique nada en especial. No hay que confundir con personas que no aceptan lo que les ha pasado, sino aquellas que quieren vivir una vida que les parece normal y corriente. Esto lleva a confusión, ya que en una época donde enfermos y enfermedades salen en la televisión, en Internet y tienen una voz pública, parece que la persona que no sigue este patrón es alguien que esconde o no acepta su experiencia. No siempre es así, en todo caso se debería valorar psicológicamente esta actitud. Mientras mantengan un seguimiento con su rutina médica, nadie puede decidir que es mejor que hablen o se expongan públicamente. La tendencia actual a hacer pública la intimidad hace etiquetar aquel que no lo hace de raro, o incluso como alguien que tiene un problema personal, un complejo o que no acepta lo que le pasa. (8,9).

NEGACIÓN Y ANSIEDAD, NEGACIÓN Y DEPRESIÓN: Algunas alteraciones del estado de ánimo propias de las reacciones ante un diagnóstico de malignidad pueden provocar conductas y actitudes similares a la negación e incluso mezclarse. Nos referimos a aquellas consecuencias más frecuentes ante el sufrimiento de una enfermedad oncológica que son ansiedad y depresión.

En algunos estudios hemos demostrado como la depresión o actitud resignada pueden llevar a no activar conductas saludables, no cumplir con las visitas de control, no tener interés en introducir una dieta sana o ejercicio o no hacer caso de molestias o síntomas por pensar que igualmente no hay nada que hacer. Por este motivo algunos estudios muestran que las actitudes más negativas pueden llevar a una menor supervivencia por un retraso en acudir al médico ante determinados síntomas. Estamos hablando de una influencia indirecta de la tendencia depresiva (9).

La ansiedad es una respuesta natural ante situaciones de amenaza o miedo que puede comportar dos conductas opuestas, el enfrentamiento al “peligro” y por lo tanto la búsqueda de soluciones, o la fuga. Por tanto, un nivel de ansiedad moderado puede ser positivo en muchos aspectos, pero un nivel demasiado elevado puede hacer el efecto contrario y bloquear a la persona. En este último caso, el afectado está exhibiendo la estrategia de negación, pero en realidad la base es que no se deja fluir esa ansiedad o miedo huyendo o evitando todo lo que tenga que ver con el problema.

Podemos concluir diciendo que las actitudes ante el cáncer o cualquier enfermedad crónica son idiosincráticas. Es muy importante aprender a reconocer la negación de los pacientes que tratamos ya que a veces no es obvia y como hemos visto, se puede presentar de formas diversas o intermitentes y cambiantes. Hay que aprender a respetar la individualidad de los enfermos ya que son seres humanos con una enfermedad, no personas que deben cumplir ningún criterio ni expectativa y menos desde el punto de vista psicológico. Debemos acompañar al enfermo en su propio proceso, sin imponer actitudes.

BIBLIOGRAFÍA

(1) Kübler-Ross E. Sobre la muerte y los moribundos: Grijalbo; 2000.

(2) Trull TJ, Phares JE. Psicología Clínica. 6th ed. México, D.F .: Thomson; 2.003.

(3) Estapé T. Disfunciones sexuales en el paciente con cáncer. Revista de psicología Universitas Tarraconensis. 2003; 25 (1-2: 152-162).

(4) Burton M, Watson M. Counseling people with cancer. 1st ed. Chichester, England: John Wiley & sonidos; 1998.

(5) Watson M. Coping with cancer – what do we know (and why does it matter)? European Journal of Cancer Supplements. 2.003 September; 1 (5).

(6) Estapé T, Estapé J, Soria-Pastor S, Díez A. Uso de Internet para evaluar el distrés psicológico en pacientes con cáncer de mama. Psicooncología. 2014 Diciembre; 11 (2-3).

(7) Ehrenreich B. Sonríe o muere. 1a. ed. Publiaciones T, editor. Madrid: Turner Noema; 2012.

(8) Estapé J, Estapé T. 703 preguntas, 703 respuestas: La odisea del cáncer de mama. 1st ed. Terrassa (Barcelona): Momentum; 2013.

(9) Estapé Madinabeitia T. Estudio de la Evolución de la Calidad de vida en pacientes diagnosticadas de cáncer de mama. 2004.

 

Autor: Dra. Tania Estapé, Directora de Psicooncología de la Fundación FEFOC. (testape@fefoc.org)

Ilustración: Mercè Estapé

 

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